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Speak and Fun on Tour - París

Nuestra compañera Martina de la agencia Speak and Fun de España visitó la escuela de París. Aquí podrás leer su experiencia y recomendaciones.

 

Siempre me había gustado el francés, pero después de vivir un par de años en Amsterdam rodeada por el duro neerlandés, escucharlo fue como agua de mayo para mis oídos: tan dulce y tan parecido al español... Habían pasado al menos 6 años desde aquella estancia Erasmus en Paris y mi poco francés estaba escondido (o, mejor dicho, prácticamente enterrado) en algún remoto lugar de mi cerebro. Amigos franceses y españoles que viven allí, me animaron a que lo retomara y ¡así lo hice! Aprovechando las increíbles ofertas de vuelos del momento, cogí una semanita de vacaciones en noviembre y llamé a nuestra escuela de París. Desafiaría el frío a base de patisse y celebraría mi cumpleaños por todo lo alto: en francés y en la ciudad de la luz ¡Vive la France!

La llegada a Paris

Me fui quitando la vergüenza a cada milla que avanzábamos mientras refrescaba conocimientos con una guía básica de francés y “Voilá!”, aterrizamos. “Au Revoir Espagne! Bonjour París!” Los aeropuertos de Paris son de los más grandes de Europa pero, precisamente por ello, están perfectamente conectados con la ciudad y son muy intuitivos. Yo llegué a Orly: cogí mis maletas y, tras unos minutos para situarme, encontré las señales hacia el OrlyBus. Es, sin duda, el medio más aconsejable y económico para llegar a París. Me bajé en Denfert-Rochereau (última parada del bus y primera estación de metro) y me compré una tarjeta semanal que me costó unos 22€ (tarjeta Navigo) No os compréis la Paris Visite que sale más cara pero ¡no olvidéis llevar una foto de carnet! Te hacen el pase en la misma taquilla. El operario fue muy amable: contra todo pronóstico, no tuvo nada de lo estirado y antipático que se suele achacar a los parisinos (de hecho, había olvidado mi foto y me dejó hacerme la tarjeta igualmente). Si coges un par de metros al día, ya la amortizas y te aseguro que no serán ni dos ni tres sino ¡muchos más! En metro vas de una punta a otra de la Citté en minutos y aprovechas el tiempo al máximo para ver todo… todo lo que te de tiempo, claro… porque en Paris es ¡sencillamente imposible!

 

Consejos: la escuela te facilita la dirección del alojamiento indicándote la parada de metro más cercana. Usa el mapa de nuestro dossier informativo para tener “más o menos” controlado el trayecto. Cuando llegues pide un mapa pequeño del metro. Es posible que tengas que hacer alguna conexión y, teniendo en cuenta que Paris en como un queso Grúyere, mejor tener claro el numero de la línea y la dirección en que hay que tomarla, si te equivocas ¡puedes acabar en la otra punta! Ensaya en casa algunas frases y preguntas básicas para no bloquearte cuando tengas que hacerlas, ¡ya verás como preguntando se llega a todas partes! Incluso en otro idioma…

El alojamiento

Sabía que me pasaría casi todo el día fuera así que pedí alojamiento en familia (B&B= sólo desayuno). La opción más económica y con mayor inmersión en el idioma. Me dieron el código de la puerta por mail (todas las casas de la Citté o centro de París tienen un teclado con números y letras en los portales) y cuando llegué, tras una hora de bus y metro, Mme. Dauphin estaba esperándome. Fue muy amable, hablándome siempre muy despacito y vocalizando para que la entendiera. Ambas podíamos hablar perfectamente en inglés pero le pedí que no lo usáramos para poder practicar mi francés todo lo posible. Mi habitación me encantó: típica francesa de casa haussmaniana con una gran ventana e incluso ¡con chimenea! Aunque, evidentemente, no podía usarse… Mme. Dauphin me ayudó con los tips para el día siguiente: la mejor conexión de metro, cuánto tiempo tardaría en llegar a la escuela, qué tiempo iba a hacer, a qué hora nos ducharíamos cada una, etc.

La escuela

El primer día me dirigí al edificio donde me habían indicado que serían mis clases. Cuando llegué a la escuela a las 08.30h después de los 15 minutos previstos en metro, muchos estudiantes que empezaban ese lunes esperaban en la recepción para la asignación de grupo. Un par de profesores daban el test de nivel y hacían las entrevistas orales. Estaba bien organizado, un equipo eficiente y muy educado.

Mi caso era especial: entendía mucho y hablaba algo pero no recordaba nada de gramática. Estaba entre dos niveles, así que yo pedí el más bajo para afianzar. Mi horario sería a primera hora de la mañana, tal como señalaba el panel donde constaban todos los niveles y grupos junto con el horario de los mismos. Compré los libros en recepción y me fui ilusionada a mi clase. Lo pase genial con las presentaciones y, directamente, empezamos ya a practicar con ejercicios orales y de comprensión. Al final, mi profesora al ver cómo se había desarrollado la mañana, me aconsejó subir de nivel para exprimir más mi única semana y forzarme a avanzar. Me estimuló para que confiara más en mi misma y tuvo razón: con mi nuevo grupo fue como volver a montar en bici después de muchos años. Poco a poco lo que estaba enterrado fue saliendo sólo. Mi horario era de 12.30 a 16.30h ¡Genial! Tenía la mañana para dormir, la tarde para seguir viendo cosas y la noche para salir… Eso sí, no dejé de hacer mis deberes ni un día. Costaba ponerse pero lo agradecía luego en las clases. No podía permitirme vaguear y perder la oportunidad de aprender ¡tenía solo una semana!.

 

La escuela tiene varios edificios repartidos por la misma zona en Víctor Hugo, un bonito barrio de cierto nivel cerca de Etoile (Arco del Triunfo). Cada día miraba mis mails antes de entrar en clase y en el descanso tomaba un café en la zona de máquinas con compañeros de otras clases. Todo el equipo, tanto de administración como docente, fue muy amable y correcto. Incluso el cambio de nivel me lo sugirieron con mucha delicadeza. Resultó que salí ganando con el cambio por partida doble, aprendí más francés y conocí un montón de gente: daneses, brasileños, italianos, rusos, españoles, suecos, argentinos, americanos, japoneses… Fue muy fácil integrarse: entre cafés y descansos se creaban los grupos para ir a ciertas actividades, se planeaban otras paralelas y se gestaban las citas para salir por la noche... Antes de empezar con las actividades de la escuela ¡ya había hecho amigos!

Actividades

París… ¿qué puedo decir? Una ciudad que nunca, nunca deja de sorprenderte. Centro neurálgico mundial de moda, arte, tendencias, música… Quien se aburre es porque quiere. Llena de historia, los parisinos llegan a ser parte de lo que se exhibe en esta emocionante ciudad. Como ya había vivido un par de meses allí, algunas actividades con la gente de la escuela me las salté para abrir mis horizontes parisinos y luego me reenganchaba para la cervecita (momento en que aproveché una noche para celebrar mi cumpleaños con este nuevo montón de amigos).

 

Mientras mis compañeros iban a la Torre Eiffel, al cementerio de Pere Lachaise y la Basílica del Sacre Coeur en Montmartre, yo aproveché para ver el Museo de Orsay, pasear por el mercado de Navidad en Champes Elysees y conocer el Grand Palais, donde había una exposición de fotografía genial. Cuando uno visita París puede sentir mucho stress y una gran frustración. Chicos, olvidadlo: es materialmente imposible verlo todo. Solo para ver el Louvre como se merece ¡harían falta semanas! Mejor tener un plan sobre qué ver y hacer porque el listado de monumentos, puntos de interés e “imperdonables” es interminable: galerías de arte, monumentos, calles, tiendas de antigüedades, parques, boutiques, rincones, cafeterías, plazas, museos... Mis “imperdonables”: sentarse bajo los cerezos junto a Notre Dame, degustar un chocolate caliente en una de las pastelerías de la Ille de Saint Louis, tomar el sol en Paris Plage frente al Pont des Arts y ojear los puestos de los artistas en las riveras del Sena, ver atardecer desde la Torre Eiffel, subir andado las cuestas de Montmartre hasta el Sacre Coeur y quizá tomar algo en la cafetería donde se rodó Amelié, pasear por Boulevard Clichy donde está el Moulin Rouge y ojear las decenas de sexshops mientras comes un sabroso creppe salado o quizá tomar un pastisse en el mismísimo Chat Noir (ahora desgraciadamente reformado), merendar en los Champs de Mars después de visitar la casa de Rodin, visitar al menos una pequeña galería de arte en el Marais, contemplar las más exquisitas joyerías y boutiques a lo largo de Vendome hasta la Opera, al menos cenar una noche en cualquiera de los estupendos restaurantes de la Rive Gauche por Saint Michel o en el mismísimo Palais de Tokio, ver un concierto de jazz en una cave del barrio latino… podría seguir así ¡páginas enteras! Ahora eso sí, haz por conocer gente francesa y, si puedes, sal de marcha con parisinos. En una de las ciudades que nunca duerme es mejor dejarse guiar por quien la vive cada día.

 

Mi semana se fue volando… y volando me vine para España con un cumpleaños inolvidable, mi francés bastante recuperado y muchas fotos, anécdotas y nuevos amigos. Volvería a la escuela de París con los ojos cerrados pero, si pudiera, ¡por más tiempo! A quien tenga la oportunidad que, por favor, no la desperdicie y, si puede permitírselo, que vaya como mínimo un mes. Aunque os seguro que después de una experiencia tan positiva siempre os quedarán ganas de volver una vez más…